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10 razones para escribir

Desconectado El luxado

  • Cuis Hachero
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10 razones para escribir
« : 05 de Abril del 2013, 00:15 »
Lo busqué y se lo mandé a un amigo. Ya que lo tenía en el clikc izquierdo del mouse, le hago otro click y ¡listo! Después de todo esta sección es de literatura ¿no?

Diez razones para escribir

1) por una necesidad de placer que, como es sabido, guarda relación con el placer erótico;

2) porque la escritura descentra el habla, el individuo, la persona; realiza un trabajo cuyo origen es indescirnible;

3) para poner en práctica un "don", satisfacer una actividad distintiva, producir una diferencia;

4) para ser reconocido, gratificado, amado, discutido, confirmado;

5) para cumplir cometidos ideológicos o contra-ideológicos;

6) para obedecer las órdenes terminantes de una tipología secreta, de una distribución combatiente, de una evaluación permanente;

7) para satisfacer a amigos e irritar enemigos;

8 ) para contribuir a agrietar el sistema simbólico de nuestra sociedad;

9) para producir sentidos nuevos, es decir, fuerzas nuevas, apoderarse de las cosas de una manera nueva, socavar y cambiar la subyugación de los sentidos;

10) finalmente, y tal como resulta de la multiplicidad y la contradicción deliberadas de estas razones, para desbaratar la idea, el ídolo, el fetiche de la Determinación Única, de la Causa (causalidad y "causa noble"), y acreditar así el valor superior de una actividad pluralista, sin causalidad, finalidad ni generalidad, como lo es el texto mismo.                

Roland Barthes. Diez razones para escribir (1969) Edit. Paidós Comunicación 137
« Última Modificación: 05 de Abril del 2013, 00:18 por El luxado »

Desconectado Jarod

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  • Juan Pablo
Re: 10 razones para escribir
« Respuesta #1 : 05 de Abril del 2013, 00:19 »
 okx okx

aplicables algunas de ellas, inclusive, a las razones para la lectura... ¿o no Luxado?

Aquí los conocí... aquí los he de encontrar

Desconectado Clauco

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  • Cuis Fernetero
    • Viajar es mi Destino
Re: 10 razones para escribir
« Respuesta #2 : 05 de Abril del 2013, 00:47 »
Buenisimo!  aplaux aplaux

11) Para "NO OLVIDAR".

 okx
"... No quiero cantar tristezas pero hay caminos que apenan. Algunos con sol quemantes y algunos con luna llena..." (Don Ata)

Desconectado oss60

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Re: 10 razones para escribir
« Respuesta #3 : 05 de Abril del 2013, 00:51 »
 babax babax babax

Muy bueno Lux
siempre expandiendo nuestras fronteras  estrelladox
 graciasx

pd: lo recordare

Desconectado Chabeta

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  • DÜNGEN !!!
Re: 10 razones para escribir
« Respuesta #4 : 10 de Abril del 2013, 09:21 »
Gracias Luxadete, buenas razones para escribir. Aunque soy de marmol para la literatura.

Si me permitis (y sino, lo pongo igual), me gustaría agregar un punto mas.

12. Para calmar los dolores (no físicos), como descarga, asimilable al punto 9. "Fuerzas nuevas" que importante...

Abrazo.

Chabeta.-
Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa. Mark Twain.

Desconectado Rolitio79

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  • Luke, come to drink Mates....
Re: 10 razones para escribir
« Respuesta #5 : 10 de Abril del 2013, 11:11 »
13- Para avisarle a la germu que voy a llegar tarde de la salida con los amigos... (cualquier parecido con el fin de semana pasado es pura coincidencia)  risax  risax
Tan solo dale una máscara a un hombre y verás realmente quien es...

Desconectado ciberpoyo

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  • Dicen que viajando se fortalece el corazón...
    • Al lado del camino
Re: 10 razones para escribir
« Respuesta #6 : 10 de Abril del 2013, 11:42 »
Es mooyyy... gueno.....  aplaux

Bross              2005               5200 kms
Tornado          06/09            33000 kms        
Falcon             10/11            23300 kms
Versys             11/13            25500 kms
KLR                 13/....            26000 kms, por ahora..

Desconectado El luxado

  • Cuis Hachero
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Re: 10 razones para escribir
« Respuesta #7 : 10 de Abril del 2013, 21:35 »
okx okx

aplicables algunas de ellas, inclusive, a las razones para la lectura... ¿o no Luxado?


Claro que sí "Zero".  risax
En mi caso que he sido un lector desde pequeño, y que llegado el momento (hace unos 11 años) me decidí a escribir, ocurre que hay una especie de interactuación entre lo que leo y escribo, una especie de toma y daca, un equilibrio inestable con sus flujos y sus reflujos.
Atravesados por los vectores de la lectura, escritura y relectura pongo mi norte en aquellos autores a los que admiro; con un poco de pena, íntimamente sé que nunca los voy a alcanzar. Pero trato de olvidar mis limitaciones y le meto para adelante.

Me ocurre lo mismo (y les ocurrirá a ustedes) con la moto. Tantos campeones para emular, y lo único que logra uno son golpazos, cachas rayadas, barrales doblados...  risax  risax  risax

Desconectado lastoscas

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  • anda a comer ¡¡¡¡¡¡¡¡......
Re: 10 razones para escribir
« Respuesta #8 : 19 de Abril del 2013, 19:00 »
okx okx

aplicables algunas de ellas, inclusive, a las razones para la lectura... ¿o no Luxado?


Claro que sí "Zero".  risax
En mi caso que he sido un lector desde pequeño, y que llegado el momento (hace unos 11 años) me decidí a escribir, ocurre que hay una especie de interactuación entre lo que leo y escribo, una especie de toma y daca, un equilibrio inestable con sus flujos y sus reflujos.
Atravesados por los vectores de la lectura, escritura y relectura pongo mi norte en aquellos autores a los que admiro; con un poco de pena, íntimamente sé que nunca los voy a alcanzar. Pero trato de olvidar mis limitaciones y le meto para adelante.

Me ocurre lo mismo (y les ocurrirá a ustedes) con la moto. Tantos campeones para emular, y lo único que logra uno son golpazos, cachas rayadas, barrales doblados...  risax  risax  risax

resumiendo.............COPION............. risax risax risax risax risax risax risax
piensa mal.....y estarás en lo correcto.
el secreto es divertirse......... sin golpearse.
escribes palabras que aun ignoras.............

Desconectado quia

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  • Merlo SL
Re: 10 razones para escribir
« Respuesta #9 : 19 de Abril del 2013, 20:14 »
okx okx

aplicables algunas de ellas, inclusive, a las razones para la lectura... ¿o no Luxado?


Claro que sí "Zero".  risax
En mi caso que he sido un lector desde pequeño, y que llegado el momento (hace unos 11 años) me decidí a escribir, ocurre que hay una especie de interactuación entre lo que leo y escribo, una especie de toma y daca, un equilibrio inestable con sus flujos y sus reflujos.
Atravesados por los vectores de la lectura, escritura y relectura pongo mi norte en aquellos autores a los que admiro; con un poco de pena, íntimamente sé que nunca los voy a alcanzar. Pero trato de olvidar mis limitaciones y le meto para adelante.

Me ocurre lo mismo (y les ocurrirá a ustedes) con la moto. Tantos campeones para emular, y lo único que logra uno son golpazos, cachas rayadas, barrales doblados...  risax  risax  risax

Gran lector y gran escritor. Muy bueno Luxa okx okx
Abrazo
KZ-200 ;KZ-650 ; XL 185; XL-200; XTZ 250; G650GS

Desconectado oss60

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Re: 10 razones para escribir
« Respuesta #10 : 01 de Mayo del 2013, 00:35 »
Por otra parte



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Desconectado El luxado

  • Cuis Hachero
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Re: 10 razones para escribir
« Respuesta #11 : 01 de Mayo del 2013, 10:26 »
Por otra parte



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Viutiful!!!  okx  graciasx  okx  graciasx

Desconectado El luxado

  • Cuis Hachero
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Bailando, para no estar muerto
« Respuesta #12 : 17 de Julio del 2015, 23:09 »
Introducción (a "El Hombre Ilustrado")
Bailando, para no estar muerto

Una noche, mientras me estaba sirviendo, mi amigo camarero Laurent, que trabaja en la Brasserie Champú du Mars cerca de la torre Eiffel, me habló de su vida.
 -Trabajo de diez a doce horas, a veces catorce –me dijo- y después de medianoche me voy a bailar, bailar, bailar hasta las cuatro o cinco de la mañana, y me acuesto y duermo hasta las diez y luego arriba a las once a trabajar diez o doce horas y a veces quince.
 -¿Cómo consigues hacerlo? –le pregunté.
 -Fácilmente –dijo-. Dormir es estar muerto. Es como la muerte. Así que bailamos, bailamos para no estar muertos. No queremos que eso ocurra.
 -¿Qué edad tiene usted? -le pregunté.
 -Veintitrés –me dijo.
-Ah –dije, y lo tomé por el codo-. Ah. Veintitrés, ¿no?
 -Veintitrés –dijo sonriendo-. ¿Y usted?
 -Setenta y seis –dije-. Y yo tampoco quiero estar muerto. Pero no tengo veintitrés. ¿Qué puedo hacer?
 -Sí –dijo Laurent, inocente y todavía sonriendo-, ¿qué hace usted a las tres de la mañana?
 -Escribir –dije al cabo de un momento.
 -¿Escribir? –dijo Laurent, asombrado-. ¿Escribir?
 -Para no estar muerto –dije-, como usted.
 -¿Yo?
 -Sí –dije, sonriendo ahora-. A las tres de la mañana escribo, escribo, ¡escribo!  
 -Tiene mucha suerte- me dijo Laurent-. Es usted muy joven.
 -Hasta ahora- dije y apuré mi cerveza y me fui a sentar frente a mi máquina de escribir, a terminar un cuento.
¿Cuál es la verdadera coreografía con que engaño a la muerte?
Un cuento tras cuento, El Hombre ilustrado esconde metáforas a punto de explotar.
En la mayoría de los casos ni siquiera sé qué metáforas esperan para imprimirse delante de mi retina.
Teorizamos acerca de lo que ocurre en el cerebro, que es sobre todo un país desconocido. La tarea de un escritor es adueñarse de un tema y ver qué ocurre. La sorpresa, como he dicho a menudo, es todo. “Calidoscopio” por ejemplo. Una mañana de hace cuarenta y seis años decidí que un cohete estallase y arrojara a mis astronautas al espacio desconocido, para ver qué ocurría. El resultado fue un cuento incluido en innumerables antologías y que apareció y reapareció como texto de colegios y escuelas. Estudiantes del otro extremo del país lo representaron en clase, para enseñarme una vez más que el teatro no necesita puestas en escena, luces, trajes o sonidos. Sólo actores en un colegio o en el garaje de alguien o delante de una tienda que reciten las palabras y sientan la pasión.
Los escenarios de Shakespeare serán siempre un buen ejemplo. Observando los niños que representan “Calidoscopio” en una brillante tarde de verano en San Fernando Valley, decidí escribir y montar mi propia versión. ¿Cómo mete usted un millón de millas de espacio interplanetario en un tablado de doce metros de largo y seis de ancho ante noventa y nueve espectadores? Uno simplemente lo hace. Y cuando el último meteoro humano cae ardiendo por el cielo, no hay un solo ojo seco en el auditorio. Todo Espacio, Tiempo y los corazones de siete hombres que laten atrapados en palabras, y que se liberan cuando las dicen.
 Qué pasaría si es el término operativo para muchos de estos cuentos.
 ¿Qué pasaría si aterrizas en un mundo lejano justo el día en que Cristo se ha marchado a otra parte?
¿O si Él estuviera todavía allí, esperando? De ahí “El Hombre”.
 ¿Qué pasaría si puedes crear un mundo dentro de un cuarto, que cuarenta años más tarde se llamaría Realidad Virtual y meter a una familia en ese cuarto con paredes que operan sobre la psiques y desencadenan pesadillas? Construí el cuarto en mi máquina de escribir y puse allí a mi familia. Al mediodía los leones habían saltado desde las paredes y mis niños estaban tomando té como finale.
 ¿Qué pasaría si un hombre pudiera encargar un robot marioneta que fuera una réplica exacta de sí mismo? Y ¿qué pasaría si cuando sale de noche deja al robot con su mujer? “Marionetas, S.A.”
 ¿Qué pasaría si todos los autores favoritos de tu infancia vivieran escondidos en Marte porque los libros que han escrito están siendo quemados en la Tierra? “Los desterrados.” El principio de otros incendios que yo encendería con libros tres años más tarde: Fahrenheit 451.
 ¿Qué pasaría si la gente de color (así los llamaban cuando escribí “El otro pie” en 1949) arribaran a Marte antes que nadie, echaran raíces, construyeran ciudades, y se prepararan para recibir a otros futuros colonos, los Blancos? ¿Qué ocurriría después?  Escribí el cuento para descubrirlo. Luego no pude encontrar una revista norteamericana que quisiera publicarlo. Era mucho antes del movimiento en defensa de los Derechos Civiles, la guerra fría estaba creciendo, y Parnell Thomas del Comité de Actividades Antiamericanas estaba investigando (Joseph McCarthy llegaría más tarde). En ese clima ningún editor quería llegar a Marte con mis inmigrantes negros. Publiqué “El otro pie” en New Store, una revista parisina dirigida por un hijo de Martha Foley, David.
Y de nuevo, ¿qué pasaría si tienes un acre de chatarra en el patio de atrás? ¿Te tentaría juntarla y viajar a la luna? Había un depósito así a una docena de metros de mi casa, en Tucson, Arizona, cuando yo tenía once años. Desde allí yo viajaba a la Luna a la caída de la tarde y después corría a un cementerio de elefantes-locomotoras a dos manzanas donde yo trepaba a las abandonadas máquinas de vapor y el tren silbaba en camino hacia Kankakee, Oswego y la distante Rockaway. Entre la chatarra de cohetes y las perdidas locomotoras, nunca estaba en casa. De ahí, “El cohete”.
Los qué pasaría sí daban vueltas alrededor de mi cabeza.
En otras palabras, el lado izquierdo de mi cerebro, si hay un lado izquierdo, propone. El lado derecho, si hay un lado derecho, dispone. Tuve suerte con mis genes. Dios, el Cosmos, la Fuerza Vital, lo que sea, me dio un lado derecho capaz de atajar cualquier pelota que venga del lado izquierdo. Una mitad, la izquierda, parece obvia. La otra mitad, la derecha, siempre misteriosa, desafiándote a que la saques a la luz.
La sesión, es decir, la máquina de escribir, el ordenador, la pluma, el lápiz y el papel están ahí para echar mano a los fantasmas antes que se desvanezcan en el aire.
Basta de comedias, hubiera refunfuñado mi padre. ¿Qué quiere decir todo eso en simples palabras?
Lo que intento decir es que el proceso creativo se parece mucho al viejo método de sacar fotografías con una gran cámara y tú alrededor bajo una tela negra buscando imágenes en la oscuridad. Los sujetos de las fotos no se quedan quietos. Quizá haya demasiada luz. O no la suficiente. Uno puede buscar a tientas, pero de prisa, esperando encontrarse con una instantánea revelada.
Éstas, pues, son instantáneas reveladas, que se alzan al alba, se posan en el desayuno y terminan al mediodía. Todas sin finales a las diez de la mañana, todas con finales felices o desgraciados justo después del almuerzo, o con un café liviano o un brandy fuerte a las cuatro de la tarde.
Dando una oportunidad al amor, como dice una vieja canción.
O en las palabras de la canción de las Doce Sillas de Mel Brooks:
                                 Espera lo mejor,
                                 espera lo peor,
                                 tú puedes ser Tolstói
                                 o también Fannie Hurst.
Espero encontrarme con H.G. Wells o tener la compañía de Julio Verne. Cuando trabajo en un espacio viviente entre los dos, entro en éxtasis.
Termino como comencé. Con un amigo camarero parisiense, Laurent, bailando toda la noche, bailando, bailando.
Mis melodías y números están ahí. Han llenado mis años, los años en que rehusé morirme. Y para eso mismo escribo, escribo, escribo, al mediodía o a las tres de la mañana.
Para no estar muerto.
                                                                        Ray Bradbury, 1997
« Última Modificación: 17 de Julio del 2015, 23:43 por El luxado »

Desconectado El luxado

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Re: 10 razones para escribir (los dioses y el Destino)
« Respuesta #13 : 26 de Agosto del 2015, 22:30 »
Los dioses y el destino

Cuando leía mitología griega me di cuenta que el Destino iba más allá del dios poderoso por excelencia: Zeus. Él bien se cuidaba de no interferir con el Destino, que en la antigua Grecia los desdoblaban y personificaban en tres divinidades indeterminadas y abstractas llamándolas “Las Moiras”, que aunque creo que nunca las nombran queda uno inducido a pensar en mujeres.
•   Cloto (‘hilandera’) hilaba la hebra de vida con una rueca y un huso.
•   Láquesis (‘la que echa a suertes’) medía con su vara la longitud del hilo de la vida.
•   Átropos (‘inexorable’ o ‘inevitable’), literalmente ‘que no gira’, era quien cortaba el hilo de la vida. Elegía la forma en que moría cada hombre, seccionando la hebra con sus «detestables tijeras» cuando llegaba la hora.
Átropos tenía en el equivalente romano a “La Parca”, que es la que te corta el hilo de la vida.
O sea: en el libro del destino donde está escrita tu vida, los dioses poco pueden hacer. ¿Asombroso no?
Cuando el dios de la escritura le habla a Verónica mientras sueña en “La misteriosa/curiosa vida del señor Carpenter” admite en cierta forma que el Destino lo puede.

“Siempre dejo al Destino que actúe, porque aunque no lo creas, por más dios que sea, hay algo superior que lleva tu vida hacia delante e incluso la proyecta. El Destino mueve los hilos de cada personaje tal cual fueran marionetas. Yo sólo proveo el escenario, la atmósfera, los personajes secundarios necesarios, etc. El Destino susurra en mis oídos o baila dentro de mi mente mientras observo como ustedes, pequeños seres, desenvuelven sus vidas de papel y tinta.”

Y es cierto, como escritor vas guiando a tus personajes en sus aventuras y desventuras, pero hay algo más allá, digamos la ocurrencia, que a altas horas de la noche -o en cualquier momento- te dicta lo que les debe pasar. Y ese acto casi irracional sella el destino de esos pobres seres cuyas vidas son nada más que "papel y tinta". Luego, el escritor adecua los elementos y las circunstancias para que transcurra la ficción. El escritor como que los conduce de la mano, pero indefectiblemente acata esa voz secreta para terminar estrellando a los protagonistas contra el final.
« Última Modificación: 26 de Agosto del 2015, 22:42 por El luxado »

Desconectado Jarod

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  • Juan Pablo
Re: 10 razones para escribir
« Respuesta #14 : 27 de Agosto del 2015, 00:23 »
Nos guste o no, todo tiene un final... para volver a tener un inicio, que ya con renovadas fuerzas remonta el camino de la parábola de los hechos/sucesos/acontecimientos de la vida misma.

A seguir hilando el destino y proveer lo indispensable, lo secundario son lo que las guindas al helado: quedan bien a la vista, aunque no hacen a la esencia  okx





Muy bueno también el aporte de Oss  okx okx

Aquí los conocí... aquí los he de encontrar

 


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