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La misteriosa/curiosa vida del señor Carpenter

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Re: La misteriosa/curiosa vida del señor Carpenter
« Respuesta #255 : 20 de Septiembre del 2015, 14:15 »
Don Abelardo y Julio pasean por Tupungato

  Se acercan rápido por la calle de tierra, frenan al llegar al asfalto. Suenan las ruedas al resbalar sobre los cantos rodados. Doblan a la derecha y aceleran el auto negro bajo el plomizo cielo del mediodía.
  Julio es un general al mando dentro de la limosina. Baja levemente el vidrio y mira los últimos ranchos de la chusma a través de sus lentes oscuros. Luego aprieta aún más el acelerador y cierra el vidrio eléctrico. Un cartel blanco con letras desvaídas: Centro: 7 km. Es como una mano inmóvil alzada sobre la profunda quietud de la alameda. Pronto, el cartel blanco queda atrás con su desvaída y estática información. Julio focaliza el camino en silencio. Solo vuelve la cabeza como un búho hacia Abelardo porque le ha dado un golpecito en el muslo.
  Abelardo lo mira.
-Da asco besar a esos chiquillos mocosos-dice.
  Julio asiente con la cabeza y coloca la última marcha.
-Pero hay que hacerlo-dice Abelardo.
  Abelardo va erguido en el asiento, un poco inclinado hacia delante, con la espalda rígida. Lleva un sobretodo oscuro puesto sobre el saco también oscuro. Una gota de sudor debería correr por la frente y enturbiarse con el polvo del barrio que ensucia su tez. Pero el aire está reseco y él no traspira. Va con cara de palo, pensativo.
-No sé qué hacer con Ramirez -dice Abelardo- Me hace acordar a mi hijo, me cae bien.
  Afuera, la bruma gris ceniza tiñe las casas y los primeros edificios de alto. Todo toma ese tinte difuso.
  Un viejo camión, algo ladeado por su carga mal acomodada les impide el paso. Julio suena la corneta y por lo bajo maldice con mil groserías.
-Voy a ver que lo acusen de sedición, traición a la Patria, terrorismo, lo que correspondiera… 16 años que le den. Mínimo.
  El motor apenas se escucha. Un murmullo de poder suena delante de ellos, debajo del capó. Hace que la pesada máquina acelere con rapidez. De una manera elegante. Brilla la carrocería en la atmósfera deslucida.
-Es estúpido ese muchacho, tiene vocación de mártir. Insiste en molestarme. Viene organizando marchas en mi contra desde hace tiempo; es hora de que termine.
  Julio dobla hacia el boulevard principal. Acelera. La limosina agacha la cola y parte rauda.
-Hacerme marchas frente al nuevo hospital. Es el colmo.
-¿Sabés que dice? Que nos estamos llevando los aparatos médicos y que es un hospital de Durloc.
  Tupungato permanece estática. No se escuchan voces ni bocinas. Las calles están desiertas. Es como un cementerio que la ceniza acabará por tapar.
-Le mandé un emisario para negociar, le pagaría lo que fuese, no tengo problemas, pero el tipo no aceptó. Tuvo el descaro de rechazar mi oferta.
  La onda verde les abre paso. Las plazas, las edificaciones gubernamentales pasan frente a las ventanillas. Falta poco para llegar a la residencia.
-¿Qué te parece Verónica?
  Julio hace silencio, coloca el guiño y comienza el giro para entrar por el portón de rejas traído de Francia. Al terminar la maniobra contesta: “Señor, Verónica es muy generosa conmigo…”
« Última Modificación: 20 de Septiembre del 2015, 22:50 por El luxado »

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Re: La misteriosa/curiosa vida del señor Carpenter
« Respuesta #256 : 30 de Septiembre del 2015, 14:31 »
Dos vecinos sentados en la plaza...

   Fue justo al mediodía. Estábamos sentados en un banco de la plaza y vimos que se acercaba el auto del gobernador. Pasaron a buena velocidad.
-¿Quiénes son?- preguntó mi vecino.
-Abelardo Fontich- le contesté- y el auto es un Lincoln importado.
-No sabía que había de esos autos…-dice mi vecino- deben ser caros.
  El auto dobla.
-No iba nadie atrás- dice.
-Abelardo nunca viaja atrás, va al lado del chofer. Costumbre que tiene el viejo- le digo.
-Es un buen hombre. Muy democrático.
-Es un viejo hijo de pu censorx ta que se ha llenado de plata. Es un hijo de pu censorx ta que se hace el socialista.
-¿Adónde irá?
-A la residencia. ¿No vio que giraron para allá?
-Es injusto que diga que Don Abelardo es un hijo de pu censorx ta. No se lo voy a permitir…
-¡¿Ah no?!
-Claro que no. Es un buen gobernante. A mi me dio una casa.
-Sí, conozco su casa. Si el del al lado le hace el amor a su mujer o la caga a palos usted se entera de todo. Su casa no tiene paredes, tiene tabiques.
Y en la pieza casi no le entra la cama. Y las puertas de chapas dejan pasar el chiflete y tan abaratadas que ya están podridas…
-Usted porque es un rico y se ha acostumbrado al lujo.
-¡Nah! Qué lujo. Si mi casa me la levanté yo. Sin ninguna clase de ayuda. Hilada tras hilada, de a poco. Iban naciendo mis chicos y en cuanto podía le agregaba el dormitorio. Lo que tengo lo gané a fuerza de trabajo y dedicación.
-¿Qué quiere decir? ¿Qué soy un haragán?
-No.
-…
  Me suenan las tripas. Es hora de almorzar. Mi vieja cocinaba ñoquis para hoy, y de solo pensarlo, se me hace agua la boca.
-El primer cheque del barrio para el constructor, el único que sale sin problemas como escupida de músico, en realidad va a parar a la fortuna de Abelardo. Todo constructor conoce las reglas, y el que se hace el loco, nunca más gana una licitación.
Y después están las compras a precios inflados, ¿en el corralón de quién?
-No me va a decir que los corralones son de Abelardo.
-Todos sabemos que están a nombre de testaferros.
-Mentiras. Todas mentiras de la oposición.
-Sí, tiene razón. Déjelo ahí. No nos vamos a pelear ahora.
-Además, Verónica inauguró tremendo hospital. ¿Eh? ¿Qué me dice? ¿Se preocupa por el pueblo o no se preocupa?
-Sí, sí, claro…- le contesto.
  Miro las hojas de los árboles. No se mueven. No existe ni la más ligera brisa. Tupungato está quieto. No vuela una mosca y mi compañero de banco ha enmudecido.
-Cuando quiera vaya a buscar la cortadora de pasto que me pidió prestada- le indico.
  Asiente con la cabeza.
-La ceniza cae…- dice al fin mi vecino.
-Sí.
-¿Cree que va explotar?- pregunta pensativo.
-No. Creo que va a joder nomás.
« Última Modificación: 30 de Septiembre del 2015, 22:46 por El luxado »

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Re:La misteriosa/curiosa vida del señor Carpenter
« Respuesta #257 : 22 de Octubre del 2015, 13:48 »
                            Placa roja en el Canal Televisiva de Tupungato:

                     Encarcelan al Terrorista Carlos Ramirez

                           Lo acusan de Sedición y Traición a la Patria

                           También estaría implicado en asuntos de pedofilia
« Última Modificación: 22 de Octubre del 2015, 13:50 por El luxado »

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Re:La misteriosa/curiosa vida del señor Carpenter
« Respuesta #258 : 05 de Marzo del 2016, 21:28 »
El diario de Verónica

¡Querido diario! ¡Estoy enloquecida! ¡Ya no quepo dentro de mi felicidad! ¡Mañana saldremos a pasear en moto con Julio! ¡Gracias Virgencita! Usaremos la moto que Papi me regaló para el cumpleaños. Siempre tan exagerado, me compró la moto más grande que vio. ¡Por fin la estrenaré! Es tan alta que nunca pude andar. Pero cuando le pregunté a Julio si se animaba a manejarla me dijo que sí. Me contó que había tenido una moto parecida, un poco más chica. Me vestiré con mi pollera tableada para que ondule con el viento. Así Julio se fija en mí. ¡Qué risa Virgencita! ¿No me estaré poniendo demasiada atrevida? Espero que no tomes mi ocurrencia como un pecado. ¿Acaso no soy una mujer moderna llena de vitalidad? ¿Qué tiene de malo una pollera aunque sea un poco corta?
Virgencita: hazme dormir toda la noche. ¡Estoy sobre ascuas! La ansiedad me carcome. Te rezo un Padre Nuestro y dos Ave María encomendándote mi alma y deseando con todo mi ser que los niños del mundo tengan que comer y una familia que los cobije. Amén.

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Re:La misteriosa/curiosa vida del señor Carpenter
« Respuesta #259 : 09 de Marzo del 2016, 21:49 »
Epístolas

   Estimado Osvaldo: Sin mucho para contar por acá. El volcán sigue con el tema de la ceniza y el problema del agua contaminada río abajo de la mina continúa. Parece que los de la Gold and Poverty niegan todo y han traído un profesor para explicar que la explotación no es nociva. También inauguraron una salita de jardín de infantes con mucha cámara de televisión y una especie de documental que respalda la donación con fuerte inspiración onda verde y otra publicidad referida a 50 tachos de residuos que también donaron. Te imaginarás, los pintaron en verde pálido con el símbolo de reciclar en blanco. Creo que Don Abelardo anda un poco preocupado y el otro día llamó a los directivos de la mina. Me parece que los cagó a pedos porque no salieron sonrientes como otras veces.
Con respecto a Verónica, mañana por la tarde la sacaré a pasear en moto. Una tremenda moto austriaca. Casi seguro que tomaré la costanera del canal y la llevaré al parque…
¡Jaja! Ya me imagino lo que estarás pensando.
Mejor ocupate de esa viejita que te da bola, no seas pijotero, invitala a cenar, al cine, a tomar un helado, que sé yo… Vos te merecés una compañía.
¿Viste lo que pasó con el coso este que andaba jodiendo? Al final lo encanaron. Estaba cantado, pero el tipo insistió. Con Don Abelardo no se jode.
Bueno, sin más para contarte te saludo y te deseo lo mejor con la Elvira. ¡Jajaja! Escribime pronto. Saludos. 

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Re:La misteriosa/curiosa vida del señor Carpenter
« Respuesta #260 : 15 de Mayo del 2016, 22:04 »
Testigo ocular

  Yo la vi. La conozco de chiquita por fotos y por el tema de la resurrección... A Verónica Regina Fontich. La hija del gobernador.
Había llevado a mi hijito al parque a jugar a la pelota. Estaba sentado sobre la gramilla, de lo más distendido cuando llegó ella con la pollerita al viento en una enorme moto que manejaba un coso enfundado en un mono de cuero ajustado. Parecía un diablo negro. Debe haber sido un ricachón como ella o algún hijo de político encumbrado. Una cara de depravado él. A pesar de que no soy un fisgón no pude contenerme de seguir la escena que para esta altura venía bastante extraña. No sabría precisar el porqué, pero puedo asegurar que era extraña. Ella bajó afirmándose en la espalda de él y luego, los dos desmontados caminaron lentamente por el parque y se sentaron en una banca. Se los veía a gusto en su charla y Verónica lo miraba continuamente mientras él casi siempre miraba hacia otros lados o al piso. Lo curioso que un rayo de luz se filtraba entre las copas de los árboles y le daba de lleno a Verónica mientras él como que permanecía en cierta penumbra misteriosa. Tiempo después se levantaron y caminaron el prado hacia un macizo boscoso. De pronto, él la tomó de la mano y la llevó hacia el tronco de uno de esos gruesos árboles añejos. Ahí la asió de ambas manos y ya la conversó dentro del área de intimidad. Tan cercanos que me di cuenta que el beso en la boca no tardaría en llegar. Y llegó. Estaba cantado. Por lo que vi, fue muy intenso. Y prolongado. Ella con los brazos caídos no atinaba a nada, dejaba que el depravado le comiera la boca. El tipo no se conformó con besarla, le apoyó el cuerpo con todo su peso. Verónica que es chiquita y flaca parecía aplastada y tomaba aire cuando podía. ¡Quién habría pensado que esta mojigata iba a protagonizar un escándalo así! Como mi niño jugaba entretenido continué observando. La sesión duraba demasiado y el tipo la apretaba cada vez más, al punto que casi me levanto y le pregunto si estaba bien. Porque toda esta historia se parecía cada vez más a una violación. ¿Pero quién soy yo para meterme en temas tan privados? Decidí quedarme quieto aunque la conciencia me carcomía un poco.
Estas pobres mujeres se hacen grandes y permiten cualquier cosa con tal de conseguir un marido. Me gustaría saber que haría Don Abelardo si se enterara en los negocios que andaba su hija… Seguro que el personaje ese sería desterrado inmediatamente de Tupungato y que ella recibiría una buena reprimenda.
Me asqueaba todo aquello, ver el comportamiento adolescente de dos grandullones, pero la verdad, no podía dejar de mirar. Al fin, él se retiró prontamente y la liberó a esta pobre mujer. Ella lo siguió de atrás, tomada de una mano, de la punta de los dedos. Él hacía unos trancos largos y ella lo seguía retrasada, apuradita con sus piernas algo cortas. Tan delgadita ella… Permanecieron unos instantes al lado de la moto y partieron para perderse de vista.
Mi chisme termina aquí. Nada más quería contarlo, me hubiera empachado si no lo largaba. Que quede el registro. ¿Hice bien, no?
« Última Modificación: 16 de Mayo del 2016, 21:37 por El luxado »

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Re:La misteriosa/curiosa vida del señor Carpenter
« Respuesta #261 : 28 de Mayo del 2016, 22:02 »
La bruja del castillo

  Esta mañana tuve una charla con Don Abelardo. Anda preocupado y mandó a llamarme. Ha nacido un bebe sin piernas y sin brazos río abajo de la mina de oro. Los del pueblo están inquietos y medio que le quieren hacer lío al gobernador. Mi consejo fue que mudara a la familia al otro extremo de la provincia y que le diera un trabajo bien fácil y más o menos rentado al padre para que se deje de molestar. Es gente de bajos recursos económicos y con cualquier mejora les va a parecer que están en el paraíso. O sea, que muy caro no le va a salir. Y como siempre le dije: los errores personales de los mandatarios se solucionan con dinero del erario público. ¿Con qué otro dinero sino? Después tratamos otros temas de menor importancia que no viene al caso describirlos.
 Hoy me fue a buscar Julio, el chófer de Verónica. Noto que me adula y aunque es muy amable conmigo no deja de tener una personalidad inquietante. Sé que me nombra como “la bruja del castillo”, cosa que me causa gracia. Tengo hecho varios cursos de tarotista, cartomancia y de cabalá. Lo que nadie sabe es que soy licenciada en psicología y sociología, pero a veces, destino mediante, lucra más una bruja que una universitaria. Por eso me causa gracia que me apoden de esa manera. Le sigo la corriente a Julio porque no se sabe las vueltas que da la vida y en qué manos puede terminar el mango del poder. Sin ir más lejos, cuando regresábamos a casa me contó que después de almorzar debía sacarla a dar un paseo en moto a Verónica. Me parece que la pánfila gusta de él, me doy cuenta por los ojos con que lo mira. Pobre chica, es bastante ingenua para la edad que tiene y a veces me da ganas de avivarla un poco, pero meterme donde no me han llamado tampoco me gusta. En cualquier momento el sujeto encara y la chica agarra. Anda sola y con ganas de conseguir marido, aunque Julio no sé. No sé lo que le pueda resultar. Debería hablar con Verónica. O no. Mejor quedarme callada, tenerlo a Julio de amigo y observar como se desarrollan los acontecimientos.
« Última Modificación: 15 de Junio del 2016, 20:47 por El luxado »

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Re:La misteriosa/curiosa vida del señor Carpenter
« Respuesta #262 : 17 de Septiembre del 2016, 22:36 »
El diario de Verónica

¡Ay querido diario! ¡Qué tarde Virgencita! ¡Qué loco Julio! En este momento, con la noche a pleno rememoro y todavía me suben los calores a la cara. Rezo. Te rezo a ti Virgencita, que siempre me cuidas y me guías. ¿Habré pecado al entregarme a los labios de Julio? Julio… ¡Qué loco se puso! ¿Le gustaré tanto? Estaba desenfrenado. Apoyaba su cuerpo contra el mío. Perdóname Virgencita. Me dejé llevar en ese remolino de pasión. Parecía que mi corazón se saldría fuera de mi pecho. Y los calores… ¡Uf! Debería haberte rezado en esos momentos pero los labios calientes de Julio confundían mi buen discernimiento. Y el parque estaba tan lindo, el sol, los pájaros, las mariposas. Creo que el gran padre cumplió mis deseos, tal vez por eso me concedí a los brazos de Julio. Por momentos me daban ganas de salir corriendo, sin embargo, una fuerza interna y poderosa me paralizaba. ¡Te juro Virgencita que hasta me temblaban las piernas! A veces me sentía como la paloma atrapada por el felino. Y era como empezar a morir atenazada en una muerte dulce y cálida, como irse desangrando lentamente, como sentir que la sangre escapa y que la vida se va gradual, mientras la observaba borrosa, desdibujada y escuchaba los sonidos del parque, amortiguados y lejanos. Hasta los niños que corrían parecían hacerlo en cámara lenta. El tiempo dejó de existir en ese momento y me enajené por completo. Espero no haberte ofendido Virgencita, no tenía dominio sobre mi voluntad, te prometo que no había lujuria, era todo un sueño que no podía controlar ni del que podía salir. Fui víctima de este amor inconmensurable que por fin parece que ha comenzado a ser correspondido. Porque esto tiene futuro. ¡Ay Virgencita! Ya me imagino junto a Julio rodeados por nuestros niños que juegan y ríen.
Te rezo y le rezaré al Padre que todo lo ve y todo lo decide -y que quizás tenga sus planes resueltos hacia mí-, para que este amor prospere, ya no desbordado o tumultuoso si no tranquilo, dulce y suave.

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Re:La misteriosa/curiosa vida del señor Carpenter
« Respuesta #263 : 26 de Septiembre del 2016, 22:47 »
Verónica y Julio salen de paseo

  P
oco después del medio día del martes el Lincoln de la residencia del gobernador partió raudamente. Verónica viajaba dentro del vehículo, muy feliz. Sin embargo, la ceniza continuaba en su caída sin cesar. Hacía varios días que el volcán exhalaba esa fina ceniza del grosor de la neblina. La atmósfera en calma permitía que cayera suavemente y debido a que era tan delicada, apenas se acumulaba sobre las superficies. Pero si por equivocación, alguna pequeña ráfaga de viento dignaba a bajar del cielo, entonces los filetes de cenizas se enroscaban al compás de la corriente dibujando caprichosas volutas grises.
Julio manejaba el pesado automóvil que tomaba los desniveles del camino como si la suspensión fuera a base de plumón de ganso. Julio viajaba con mucha pompa y circunstancia. Cada tanto miraba a Verónica por el espejo retrovisor y siempre encontraba los ojos de Verónica y su sonrisa…
Verónica comenzó a contarle las andanzas de su perritos a Julio, y éste mientras la escuchaba asentía de manera lenta y parsimoniosa.
Iban rumbo al polígono de tiro. Verónica no solo era una más que aceptable golfista, también hablaban de ella como un certera tiradora de pistola. 
No hay mucha distancia para recorrer, o por lo menos el traslado no dura mucho y enseguida llegaron al polígono. Julio colocó el guiño y dobló para ingresar a la cochera subterránea. La succión del Lincoln no se enteró del giro y siguió de largo arrastrando tras de sí una turbulenta y fina virulencia pálida.
En el subsuelo también se encontraba el sector Vip, inmediatamente al lado del estacionamiento. Con eso se evitaban pasar por la cafetería-restaurante situado en el primer piso. Un lugar donde coinciden señoras que van a tomar el té y tiradores. Desfilan los hombres con sus armas en fundas entre los comensales del común y conviven en ese entorno peculiar. Ninguno parece incomodarse con la presencia del otro. No era una hora muy concurrida, Verónica lo que menos quería era que notaran su presencia.
Julio apagó el motor y bajó presuroso para abrirle la puerta a Verónica.
Como siempre, Verónica calzaba sus botas de montar y su pantalón breech. Como vestimenta superior esta vez no lucía poncho, solo una camisa blanca abollonada y sombrero de paja con una cinta roja. También llevaba una cartera de cuero crudo colgando del hombro por una tira de cuero repujado y un par de lentes de sol con cristales muy grandes que casi le tapaban la cara.
 
Ella se da vuelta, lo mira a Julio, le sonríe, se arregla el cabello y parte. Julio la sigue.

En pocos pasos estuvieron en la sala de la recepción. Ahí se encontraron con el Asesor Letrado de Gobierno.
-Hola Verónica. ¿Cómo has estado?
-Bien. Gracias. ¿Cómo anda usted Rodolfo?
-Bien, bien. ¿Y tu padre?
-Bien, gracias. Renegando un poco. Como siempre…
-Y sí, todos conocemos a Don Abelardo y al empeño que pone en sus asuntos. Y claro, a veces las cosas no salen como uno quisiera. Dile a tu padre que le envío mis saludos y que en uno de estos días iré a visitarlo por un tema que me tiene preocupado. Ya le indicaré a mi secretaria que acuerde una cita lo antes posible.
-Le expresaré sus deseos Rodolfo, quédese tranquilo.
-Gracias Verónica. Adiós.
-Adiós, que tenga buenas tardes.
No terminaron de socializar con el asesor que se tropezaron con el Excelentísimo Juez Imbroglione Venduto, aquel que le fue tan fiel a Don Abelardo cuando le iniciaron querella por el problema con la mina Gold and Poverty y otra más con el tema de la compra a precios inflados de los muebles y útiles para el estado provincial.
-Hola Verónica.
-Buenas tardes Juez.
-¿A tirar?
-Sí.
-Dales mis saludos y mis respetos a tu padre.
-Serán dados.
-Suerte con el tiro.
-Gracias Juez, le deseo buena jornada.
Por fin ya nadie conocido apareció más y Verónica llegó al mostrador. Sin sacarse las gafas le solicitó al muchacho de la recepción un blanco con figura humana.
Entonces, con paso decidido traspasó las dos puertas pesadas que separaban las líneas de tiro de la recepción.
Avanzaron por entre las vainas servidas del piso y se acomodaron en la pedana del medio. En ese instante, el muchacho de la recepción trajo una tarima de madera, una especie de cajón chato que la hija del gobernador usaba siempre. Verónica extrajo de la cartera una pistola compacta y se la entregó a Julio. Colocó el blanco a diez metros y le dijo: “Tira, veremos que tan bueno eres.”
Julio algo había practicado con la Luger de Pablo, pero a excepción de eso nunca había tirado con pistola.
Verónica colocó el blanco a diez metros.
-Tira hasta vaciar el cargador- dijo.
Julio, a pesar que el arma le quedaba un poco incómoda debido a su pequeño tamaño, cerró un ojo y disparó repetidas veces hasta que la corredera quedó abierta avisando el fin de la munición. Verónica apretó un botón que había debajo del tablero de la pedana y atrajo la figura de cartón hacia sí.
-Seis de diez. Bastante bien, no debes cerrar el ojo para apuntar- dijo Verónica.
Tomó la pistola, destrabó el cargador y recargó las balas. Trepó a la tarima, colgó el nuevo blanco y lo colocó a veinte metros.
Qué bien se adaptaba la pistola a su delicada mano, a la vez tan mortal y femenina. Los disparos sucedieron uno tras otro en una frecuencia regular y armónica. Los casquillos resonaron metálicamente al dar contra el piso y la nube de humo perfumó con olor a pólvora la galería, para ese momento desierta. Julio quedó sorprendido al ver como Verónica dominaba el arma.
Cuando ella atrajo el blanco pudieron constatar que no solo todos habían acertado, si no que el agrupamiento en la zona del corazón resultaba perfecto con desvíos de apenas tres o cuatro centímetros.
Verónica extrajo de la cartera otro cargador completo bajo la atenta y asombrada mirada de Julio, cargó y colocó el blanco en posición. Repitió los diez tiros, con similar resultado… 


Nota: agradezco el asesoramiento y algunas ideas del cuis Minko, experto en tiro.
« Última Modificación: 30 de Septiembre del 2016, 13:08 por El luxado »

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Re:La misteriosa/curiosa vida del señor Carpenter
« Respuesta #264 : 30 de Septiembre del 2016, 12:42 »
Planes para la modelo Heidi Kün


  Marciano Juan convocó a sus compañeros a la mesa oval ubicada en el centro de la sala más grande de la nave. La sala circular de tantas puertas que daban a los dormitorios, a la cabina de mando, a la despensa, al jacuzzi, etc. Sí, jacuzzi, leyeron bien. Los viajes intergalácticos parecen eternos, y aunque los agujeros de gusanos acortan distancias, los tres muchachos alienígenos debían pasar largos periodos en navegación, lejos de su terruño natal y a veces un buen baño antes de dormir resultaba bueno y relajante.
-Aprovechemos que Heidi esté con los hidromasajes y que Roquita duerme- dijo Marciano Juan.
Ganímedes jugaba con sus dedos sobre la superficie esmerilada de la mesa. Todos escucharon en silencio. Nadie contestó…
-Sé que Heidi es una buena compañía, calma a Roquita cuando tiene los ataques de llanto y cocina comida alemana que es un gusto. ¡Y ni hablar de las costeletas de cerdo a la miel con puré de manzana y el leberwurst que se las ingenia preparar con los pocos elementos que disponemos! Pero es imperioso que devolvamos a esta mujer a la tierra. Ya hemos modificado demasiado la historia con nuestras intervenciones.
-¿Y en qué momento y en qué lugar dejaremos a la mujer?- preguntó Ganímedes*.
-La verdad que ya dada por desaparecida por los terrícolas, deberíamos matarla y perderla en el espacio exterior para que nadie la encuentre.
A Ganímedes los ojos almendrados se le pusieron enormes, redondos…
-De ninguna manera. ¿Cómo vamos a cometer semejante acto criminal contra una mujer que solo supo darnos grandes momentos? No, no. En esta no estoy de acuerdo. Propongo que la dejemos en otra época, previo vaciamiento de la memoria, así nunca pueda dar testimonio de habernos conocido.
-Me parece buena la propuesta de Ganímedes- dijo Juan. –Que levanten la mano los que estén de acuerdo.
Todos levantaron la mano, hasta el propio Juan.

*Nota: recuerden que a pesar de que Américo-Julio ya había herido a Ganímedes en la ingle, dentro de la nave este hecho aún no había sucedido. Y tengan en cuenta, que la perilla del espacio-tiempo para esa época aún funcionaba de lo más bien. Faltaban por lo menos diez y seis años para encontrarse con el Avro Lincoln y el Lear Jet.
« Última Modificación: 02 de Octubre del 2016, 00:30 por El luxado »

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Re:La misteriosa/curiosa vida del señor Carpenter
« Respuesta #265 : 12 de Febrero del 2017, 13:40 »
   En eso apareció Heidi. Venía envuelta en una toalla y llevaba otra toalla más pequeña en su cabeza, a manera de turbante.
Los muchachos alienígenos hicieron un silencio absoluto. Descalza, con sus brazos al aire y su rostro sin pinturas ni afeites imponía una belleza simple y a la vez inconmensurable. Era una belleza que permitía descubrirla poco a poco. Porque estaba repleta de matices que solo se revelarían con la contemplación, y eso mismo era lo que los muchachos admiraban aparte de su aplomo y simpatía.
-Debemos remarcar este evento, aunque triste para nosotros, evidentemente profundo. Celebremos de alguna manera. -impuso Marciano Juan.
-Estoy de acuerdo. -dijo Ganímedes.
-También yo. - asintió Deuterio.
-Bien, propongo que cenemos Ruppik Moy. -dijo Marciano Juan.
-De acuerdo. - contestaron al unísono los otros dos.
Marciano se levantó de la mesa, pero antes dominó el cerebro de Heidi e hizo que quedara clavada en el lugar en que se había presentado.
-Voy por el vino, vos Ganímedes traé la cena.
 Ganímedes se dirigió a la despensa, ahí dentro tomó un cubo (muy parecido al que se usa para mantener frío el vino) y fue hasta el anaquel que se abría hacia adelante pivotando sobre la base y tomó varios puñados de alimento. Se escuchó un chillido de protesta que iba en aumento. Cerró el anaquel y volvió a la sala de la mesa oval. Los tres tomaron asiento de unos de los lados más rectos del óvalo frente a Heidi, que permanecía quieta, suspendida en trance misterioso.
 Marciano Juan hizo que Heidi soltara la toalla quedando desnuda, solamente vestida con el tocado de toalla que la hizo parecer aún más alta de lo que era. El triángulo renegrido del monte de Venus resaltó como recortado sobre la piel de un blanco perfecto.
-¿Disminuyo la luz? -preguntó Ganímedes.
-Claro, está un poco intensa. -afirmó Marciano Juan -Comamos. -ordenó de inmediato.
Deuterio fue el primero en meter la mano dentro del recipiente. Extrajo de ahí un ser pequeñito, del tamaño de un soldadito plástico.
La criatura chilló, pero no por mucho tiempo, porque el alienígeno con dos de sus dedos le arrancó la cabeza y se lo comió. Luego arrojó la cabeza a un platito de bordes altos que no sé si era de porcelana blanca, pero me atrevería a afirmar que no lo era, si no de algún polímero artificial.
Marciano Juan le implantó a Heidi una melodía en su mente y le impuso la acción del baile. La mujer comenzó a contonearse al compás de una música imaginaria, lenta y sensual.
Marciano Juan miró adentro del balde y eligió a un muchachito que al ser  izado maldecía y gritaba todo tipo de imprecaciones contra él. Desde el fondo del balde una multitud agitaba los brazos, gemía, gritaba e imploraban misericordia. Marciano ni se inmutó.
-Está bueno esto. -afirmó Deuterio.- Son crocantes y tienen ese gustito entre ácido y picantito que no necesitan siquiera aderezo.
-¡Por favor! ¡Ahí está mi familia completa! Mi mamá y mi papá, mis hermanitos... ¡No nos coma! ¡Por favor tenga piedad!.- gritaba en tono agudo el pequeño ser. Pero Marciano Juan lejos de inmutarse, arrancó la cabecita y de un bocado lo engulló.
-Y mantenerlos vivos nos permite ahorrar en frío. -le contestó Juan a Deuterio.
 Heidi continuaba la danza mientras acariciaba su cuerpo.

Querido lector, se preguntará a esta altura de la narración quiénes serían esas desdichadas criaturas y de dónde provendrían. Como no soy tan canalla para callar, daré satisfacción a su curiosidad y de esta manera me anticiparé a cualquier comentario malo que usted pudiera emitir sobre mí.
 Resulta que estas personitas habitaban el planeta Yxtxy y habían logrado cierta tecnología avanzada. No tuvieron mejor idea que poner a viajar hacia el infinito del universo, una sonda donde habían cargado mucha información sobre su planeta, existencia y entre otros datos la ubicación exacta de su tierra. Justamente la sonda fue interceptada por los alienígenos hermanos de nuestros muchachos y lejos de un intercambio cultural y tecnológico, esta pobre gente fue a parar a una lista gastronómica y ciertamente en un sitio destacado, ya que no hay plato tan caro y apetecido como éste por aquellos lares.
 Un llanto estalló en la nave, sacando a Juan, a Ganímedes y a Deuterio del momento hipnótico que Heidi, el vino y el efecto narcótico que tenía el Ruppik Moy luego de unos momentos de digerido, habían producido.
-¡Roquita! –exclamó alarmado Ganímedes.
Marciano Juan tardó unos momentos en desafectarse y cuando volvió al mundo real atinó a despertar a Heidi.
La mujer sorprendida y roja de vergüenza al verse desnuda y sin entender lo que había pasado, tomó la toalla y se cubrió. Al sentir el llanto del niño, corrió despavorida hacia el dormitorio del pequeño.
-Deuterio –dijo firmemente Juan -mañana por la mañana te quiero en la consola del espacio-tiempo. Fijá: Essen, 21 de marzo 1890....
« Última Modificación: 13 de Febrero del 2017, 13:46 por El luxado »

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Re:La misteriosa/curiosa vida del señor Carpenter
« Respuesta #266 : 08 de Marzo del 2017, 22:52 »
En el día de la mujer deseo hacer un descargo y tocar dos temas más con respecto al la última entrega que ven más arriba.

Ya he explicado que el narrador y el escritor no son la misma persona. Como aficionado, me dejo llevar cuando escribo y cedo el paso al narrador que llevo adentro. Resulta que según escribo se puede afirmar que soy machista o misógino y de esto me he dado cuenta al leerme y he quedado intrigado, porque mi relación con las mujeres es buena y no las menosprecio para nada. Porque hijos de pu censorx ta, inútiles, imbéciles, malos, manipuladores, violentos, etc. no es cualidad de un género en especial, si no inherente a la raza humana. Admiro a las mujeres valientes, inteligentes, trabajadoras, independientes. ¡Cómo no admirarlas! Tienen todo mi respeto.
Entonces repasé y repasé porqué ese narrador tan enemistado con la mujer, si a mí siempre me había ido bien con mis novias o parejas o actual compañera. Siempre fueron amorosas, compañeras, generosas... Alguna histérica por ahí que me hizo pasar de largo, pero en todo caso la culpa fue mía por dejarme llevar....  risax
No hace mucho descubrí el porqué, pero no lo voy a revelar aquí, y seguiré permitiendo que el narrador que brota al escribir tome desquite de alguna manera hasta que se sienta del todo desahogado. Disculpen queridas mujeres, debo cumplir mi catarsis, pero no den bola a las barbaridades que escribo....

a) Estos alienígenas cómo cosifican a la pobre Heidi. La quieren porque les cocina comida alemana exquisita y les atiende el pibe (y quién sabe que cosa más le hacen hacer bajo poder hipnótico). El colmo de la misoginia es obligarla bajo trance a su baile de desnudez.... Execrables los muchachos.

b) Con respecto a los hombrecitos del planeta Yxtxy quise representar una alegoría relacionada con algunos pueblos que admiran a otros pueblos "superiores" o más "ricos" y desearían estar bajo su tutela, pero luego, construida la relación se dan cuenta que lo único que han conseguido es que los exploten. Disculpen la metáfora floja pero con el tiempo espero que vayan mejorando.  ojitox

c) Por último: el amor y la negación. Amor por el compañero muerto (Ferrum) depositado en la figura de su hijo Rokita. Y negación porque a pesar de que Rokita no es hijo ni de sangre ni de crianza y posee flagrantes disimilitudes en relación a la raza alienígena, aún así ellos prefieren aferrarse a esa idea y depositan todo su amor y abnegación sin importar el costo....

Norta: hacía mucho que no escribía, es lindo....

 
« Última Modificación: 08 de Marzo del 2017, 23:03 por El luxado »

 


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