Autor Tema: Últimamente viajar me preocupa  (Leído 645 veces)

Desconectado El luxado

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Últimamente viajar me preocupa
« : 01 de Noviembre del 2016, 22:20 »
   Últimamente viajar me preocupa, antes de salir me sobreviene el sentimiento de la catástrofe inminente, como si la muerte me esperara agazapada en la ruta. Tal vez sea porque me he puesto viejo y aburguesado. También por esto mismo –por lo de viejo y aburguesado- saco pasaje en micros cama con servicio de cena a bordo.
A poco de partir me entretenía mirando hacia fuera, distraído con las grúas y los barcos del puerto que bordeaba el camino. Alguien susurró, pero debido a que mi vista ya se perdía más allá de lo que veía y mi abstracción me tomaba por completo, no le di importancia. La azafata tuvo que ponerse adelante mío para que le prestara atención. Con una voz desfalleciente me preguntó si iba a cenar. Claro que sí, le contesté. Y aproveché a observarla, porque me gusta mirar a las personas y tratar de imaginarme cómo sería su vida. Ella vestía su uniforme todo de negro. Una silueta flaca y una piel que parecía gris. Fantasmal sería la palabra para describirla. Lo único que cortaba lo lúgubre era el pañuelo de seda rojo que le daba varias vueltas al cuello y se remataba en una especie de moño abierto.
Luego de retirar la bandeja volvió a preguntarme si deseaba tomar whisky o Tía María. Pero desde atrás de mi hombro izquierdo. Otra vez debió cambiar de lugar y enfrentarme para que le entendiera la pregunta.
Luego del alcohol quedé atento a las asperezas del camino que se me ocurrieron mayores que de costumbre. Hasta que me dormí. A eso de las seis de la mañana mi vejiga prostática comenzó a reclamar alivio. Abrí un ojo y observé la puerta del baño, que la tenía casi enfrente porque mi asiento era el primero individual de abajo. Constaté que el cartel luminoso en rojo marcaba “ocupado”. Dormité durante unos minutos y al despertarme de nuevo, el baño permanecía ocupado. No aguardé mucho tiempo. Me levanté y toqué con fuerza la puerta, pero no hubo respuesta. Miré hacia el pasaje (abajo somos pocos) y todos estaban en sus literas, lo único vacío era el asiento de la azafata que se situaba último y al medio del pasillo.
Me senté y aguardé inquieto. Pensé que se estaría maquillando, ya sabemos como son de coquetas las mujeres y la importancia que le dan a sus afeites. A esta altura mi vejiga no daba más y ya un poco enojado me levanté, golpeé con fuerza y accioné sin resultados el picaporte. Tanto que alguno de los que iban durmiendo se despertó. Entonces abrí la escotilla que daba a la cabina para llamar al ayudante del chofer y explicarle de mi urgente necesidad. El hombre acudió y tras intentar comunicarse y no obtener respuesta, ya preocupado, llamó al compañero y detuvieron el micro. Aproveché la puerta abierta y en el frío de la madrugada, a la vuelta del automotor, descargué mi orina. Cuando regresé los encontré cabildeando sobre qué hacer. Entre los tres decidimos forzar la puerta y cuando lo logramos nos encontramos con ella ahorcada, ya no gris, violeta, con su gran lengua morada afuera. Había trabado el cepillo del baño en la pequeña ventanuca de ventilación, atado el pañuelo ahí y a su cuello y se había dejado colgar. Sus asentaderas estaban a escasos centímetros del asiento del inodoro… 
« Última Modificación: 02 de Noviembre del 2016, 13:24 por El luxado »

Desconectado Chabeta

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Re:Últimamente viajar me preocupa
« Respuesta #1 : 03 de Noviembre del 2016, 12:46 »
   Últimamente viajar me preocupa, antes de salir me sobreviene el sentimiento de la catástrofe inminente, como si la muerte me esperara agazapada en la ruta. Tal vez sea porque me he puesto viejo y aburguesado. También por esto mismo –por lo de viejo y aburguesado- saco pasaje en micros cama con servicio de cena a bordo.
A poco de partir me entretenía mirando hacia fuera, distraído con las grúas y los barcos del puerto que bordeaba el camino. Alguien susurró, pero debido a que mi vista ya se perdía más allá de lo que veía y mi abstracción me tomaba por completo, no le di importancia. La azafata tuvo que ponerse adelante mío para que le prestara atención. Con una voz desfalleciente me preguntó si iba a cenar. Claro que sí, le contesté. Y aproveché a observarla, porque me gusta mirar a las personas y tratar de imaginarme cómo sería su vida. Ella vestía su uniforme todo de negro. Una silueta flaca y una piel que parecía gris. Fantasmal sería la palabra para describirla. Lo único que cortaba lo lúgubre era el pañuelo de seda rojo que le daba varias vueltas al cuello y se remataba en una especie de moño abierto.
Luego de retirar la bandeja volvió a preguntarme si deseaba tomar whisky o Tía María. Pero desde atrás de mi hombro izquierdo. Otra vez debió cambiar de lugar y enfrentarme para que le entendiera la pregunta.
Luego del alcohol quedé atento a las asperezas del camino que se me ocurrieron mayores que de costumbre. Hasta que me dormí. A eso de las seis de la mañana mi vejiga prostática comenzó a reclamar alivio. Abrí un ojo y observé la puerta del baño, que la tenía casi enfrente porque mi asiento era el primero individual de abajo. Constaté que el cartel luminoso en rojo marcaba “ocupado”. Dormité durante unos minutos y al despertarme de nuevo, el baño permanecía ocupado. No aguardé mucho tiempo. Me levanté y toqué con fuerza la puerta, pero no hubo respuesta. Miré hacia el pasaje (abajo somos pocos) y todos estaban en sus literas, lo único vacío era el asiento de la azafata que se situaba último y al medio del pasillo.
Me senté y aguardé inquieto. Pensé que se estaría maquillando, ya sabemos como son de coquetas las mujeres y la importancia que le dan a sus afeites. A esta altura mi vejiga no daba más y ya un poco enojado me levanté, golpeé con fuerza y accioné sin resultados el picaporte. Tanto que alguno de los que iban durmiendo se despertó. Entonces abrí la escotilla que daba a la cabina para llamar al ayudante del chofer y explicarle de mi urgente necesidad. El hombre acudió y tras intentar comunicarse y no obtener respuesta, ya preocupado, llamó al compañero y detuvieron el micro. Aproveché la puerta abierta y en el frío de la madrugada, a la vuelta del automotor, descargué mi orina. Cuando regresé los encontré cabildeando sobre qué hacer. Entre los tres decidimos forzar la puerta y cuando lo logramos nos encontramos con ella ahorcada, ya no gris, violeta, con su gran lengua morada afuera. Había trabado el cepillo del baño en la pequeña ventanuca de ventilación, atado el pañuelo ahí y a su cuello y se había dejado colgar. Sus asentaderas estaban a escasos centímetros del asiento del inodoro…
Que trágico...

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Re:Últimamente viajar me preocupa
« Respuesta #1 : 03 de Noviembre del 2016, 12:46 »
Marcello Perluqueria

Desconectado El luxado

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Re:Últimamente viajar me preocupa
« Respuesta #2 : 07 de Noviembre del 2016, 20:19 »
Hola cuises. Con el relato de más arriba quise practicar algo que ya tenía pensado. La idea de este texto era plantearlo de tal manera que el lector pensara que algo tremendo estaría por ocurrir. Cuando lo acabé me di cuenta que había salido para otro lado. Y el problema era la verosimilitud. En realidad la verosimilitud es fundamental para el relato de ficción. Se trata de que la ficción sea creíble, que el lector se preste a creer la mentira que le están contando con el fin de disfrutar lo que se le propone.
En este caso, he pecado de verosimilitud, resultó tan real que parece una crónica verdadera, objetiva, algo que en realidad ocurrió. El suspenso fue mínimo, en cambio la historia es tan trágica que nos genera empatía hacia esa pobre piba que vaya a saber dios qué la empujó a semejante acto desesperado, y esa misma empatía nos deja un poco angustiados, muy lejos del asombro que tenía diseñado desde un primer momento. Tal vez, este cuento mejore si pudiera extenderse más y que cada acto quede estirado de tal manera que presagie acontecimientos irremediables.
Bueno, sepan disculpar mi acto de novato. Espero que más o menos lo hayan disfrutado o les haya aportado algo. Gracias.
« Última Modificación: 07 de Noviembre del 2016, 20:27 por El luxado »

Desconectado El luxado

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Re:Últimamente viajar me preocupa
« Respuesta #3 : 03 de Diciembre del 2016, 17:29 »
Hola Cuises. Después de un mes volví a Buenos Aires en la misma línea de colectivo. Resulta que las casualidades me puso por delante a la misma azafata que inspiró mi cuento.  risax
Entonces en ese momento, ya sabiendo para qué, conociendo el desenlace y planteadas las falencias, profundicé la observación en busca de algún detalle que enriqueciera el relato.
Aquí el resultado:

   Últimamente viajar me preocupa, antes de salir me sobreviene el sentimiento de la catástrofe inminente, como si la muerte me esperara escondida en la ruta. Tal vez sea porque me he puesto viejo y aburguesado. También por esto mismo –por lo de viejo y aburguesado- saco pasaje en micro cama con servicio de cena a bordo.
A poco de partir me entretenía mirando hacia fuera, distraído con las grúas y los barcos del puerto que bordeaban el camino. Alguien susurró, pero debido a que mi vista ya se perdía más allá de lo que veía y mi abstracción me tomaba por completo, no le di importancia. La azafata tuvo que ponerse delante de mí para que le prestara atención. Con una voz desfalleciente me preguntó si iba a cenar. Claro que sí, le contesté. Y aproveché a observarla, porque me gusta mirar a las personas y tratar de imaginarme cómo sería su vida. Ella vestía su uniforme todo de negro. Una silueta flaca y una piel que parecía gris. De pronto, sentí mayor curiosidad mientras pensaba en un posible parentesco con la otra flaca de negro, la que lista en mano, pasa a buscar al que se tiene que ir. Prima hermana, no mucho más lejana tendría que ser. Afiné la vista para encontrar nuevos detalles. Y claro que encontré, uno que me hizo sonreír: la media negra tenía un agujero bien contra el filo de la badana del calzado chato. Dejaba ver en su superficie sin trama, el pequeño círculo de piel cenicienta. Lo único que cortaba lo lúgubre era su pañuelo de seda rojo que le daba varias vueltas al cuello y se remataba en una especie de moño abierto.
Luego de retirar la bandeja volvió a preguntarme si deseaba tomar un whisky o un Tía María. Pero desde atrás de mi hombro izquierdo. Otra vez debió cambiar de lugar y enfrentarme para que le entendiera la pregunta.
Luego del alcohol quedé atento a las asperezas del camino que se me ocurrieron mayores que de costumbre. Hasta que me dormí. A eso de las seis de la mañana mi vejiga prostática comenzó a reclamar alivio. Abrí un ojo y observé la puerta del baño, que la tenía casi enfrente porque mi asiento era el primero individual de abajo. Constaté que el cartel luminoso en rojo marcaba “ocupado”. Dormité durante unos minutos y al despertarme de nuevo, el baño permanecía ocupado. No aguardé mucho tiempo. Me levanté y toqué con fuerza la puerta, pero no hubo respuesta. Miré hacia el pasaje (abajo somos pocos) y todos estaban en sus literas, lo único vacío era el asiento de la azafata que se situaba último y al medio del pasillo.
Me senté y aguardé inquieto. Pensé que se estaría maquillando, ya sabemos como son de coquetas las mujeres y la importancia que le dan a sus afeites. A esta altura mi vejiga no daba más y ya un poco enojado me levanté,  golpeé con fuerza y accioné sin resultados el picaporte. Tanto que alguno de los que iban durmiendo se despertó. Entonces abrí la escotilla que daba a la cabina para llamar al ayudante del chofer y explicarle de mi urgente necesidad. El hombre acudió y tras intentar comunicarse y no obtener respuesta, ya preocupado, llamó al compañero y detuvieron el micro. Aproveché la puerta abierta y en el frío de la madrugada, a la vuelta del automotor descargué mi orina. Cuando regresé los encontré cabildeando sobre qué hacer. Entre los tres decidimos forzar la puerta y cuando lo logramos nos encontramos con ella ahorcada, ya no gris, violeta, con su gran lengua morada afuera. Había trabado el cepillo del baño en la pequeña ventanuca de ventilación, atado el pañuelo ahí y a su cuello y se había dejado colgar. Sus asentaderas estaban a escasos centímetros del asiento del inodoro…           
« Última Modificación: 03 de Diciembre del 2016, 17:31 por El luxado »